Auto-nomía

En general, lo que hacemos todo el tiempo con respecto a la autonomía que están desplegando nuestras creaturas es minimizarla. Tendemos a ponerlos en duda, a temer y a cuestionar sus elecciones y acciones. A no dejarles tomar decisiones y a no dejarles hacer lo que están haciendo.

Para convertirse en adultos capaces de gobernar sus vidas en todos o la mayor parte de sus aspectos y enriquecerse a la vez que enriquecen a su entorno, necesitan explorar sus habilidades y potencialidades. Y esto pasa por tomar elecciones, asumir riesgos y sus consecuencias, en la escala a la que ellos pueden.

La auto-nomía es la capacidad que tiene el individuo de regirse a uno mismo bajo el propio decreto, la propia ley. Eso conlleva la capacidad de decretar la propia ley o norma. Eso, en bioética, se interpreta de manera negativa como la capacidad que tiene el individuo de elegir sin coerción ninguna o coacción externa.

Autonomía no es lo mismo que independencia. Los bebés , y los niños pequeños, son autónomos pero no independientes. Dependen absolutamente de la atención que se le brinde para que pueda desarrollarse autónomamente. Para que pueda dedicarse a desarrollarse en sus plenas capacidades. El proceso de convertirse en adulto es parecido, pues un adulto tampoco es un ser independiente, sino inter-dependiente. Dependemos en mayor o menos medida, los unos de los otros, para cada cual poder desarrollarse en su principal tarea y/o cometido.

LA dependencia para el desarrollo propio es crucial. LA dependencia no quita que esté teniendo lugar el desarrollo de un individuo con su propia autonomía. Por ejemplo, un bebé, por máxime que sea su dependencia está preparado fisiolçogicamente para decidir y mandar señales de cuando tiene hambre, sueño, pipí, caca, para cuando quiere moverse, gatear, reptar, caminar,…

Su autonomía es la que le permite desarrollarse, gracias a que un amor infinito le está atendiendo en lo necesario, para que ese desarrollo tenga lugar.

El adulto no es el que pone el desarrollo. Sino la atención a las señales para que ese desarrollo, autónomo, pueda darse.

Lo que hacemos, en general, es cortar y coartar el desarrollo del ser humano, cuando éste va accediendo a una cada vez mayor capacidad de elección e intereses. El adulto está en virtud de guarda (en tanto que mirada) y custodia (en tanto que protección de la vida humana) para que el desarrollo fisiológico que ya es, pueda darse sin impedimentos externos de otros predadores o invasiones a su individualidad.

La biología así lo quiere y lo dispone

Un problema grande, e incapacitación que se hace del ser humano es poner a los padres en una posición tan moralizada de todo lo que se supone que tienen que hacer con respecto a su creaturas que ellos mismos suponen el primer y, muchas veces, más grande impedimento de este desarrollo del individuo de manera autónoma.

Un individuo autónomo confía en sí mismo y sus capacidades. Asume riesgos y apuesta por ellos. Un individuo autónomo no siente culpa cuando algo no sale según esperaba. No piensa que ha errado. Sino que simplemente sabe que su error es parte de su camino de adquisición de sabiduría y desarrollo óptimo.

Esto no tiene que ver con los límites, que trataremos la semana que viene, que ponen los padres o la realidad misma. Ya que no se trata de no limitar a las creaturas en ningún caso, sino de acceder a una mirada que sabe que la creatura no está errada y elige mal todo el tiempo. Sino que está preparada para desarrollarse de manera óptima y en atuonomía en la medida en que las condiciones lo favorezcan. Biológicamente está preparada. No es algo que hacen los padres o los educadores o lo sistematizado o la educación. Es algo que pone el individuo mismo pues está en su fuero interno llevar a cabo su potencialidad. Como un árbol ser árbol y dar frutos y flores. Se puede podar, enderezar y cambiar la forma que tiene ese árbol, pero el hecho de que se haga árbol con sus frutos y flores no va a depender de ello, sino de su propia información interna en el despliegue de toda su potencialidad. Luego ese despliegue depende de incontables factores sobre el ambiente, la tierra y todo su alimento, la cantidad de sol y agua, etc.

No es cometido de los padres intentar ser todos esos factores ambientales. Somos el factor que somos. Una parte que guarda su desarrollo. Pero no la totalidad. Somos la tierra en la que crecen.

¿Por qué no poner la mirada en que nuestra fuerza vaya a tratar de nutrir la tierra que somos y no tanto todo lo que tenemos que hacer hacia ellos mismos y su desarrollo?

¿Y si pensáramos que de eso se encargan ellos, pues están preparados biológicamente para llevarlo a cabo?

Os espero en el chat para compartir las reflexiones que nos surjan!

Un abrazo!

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