Dime lo que quieres, que me amoldo a ti. Para que me reconozcas, que es como si recibiera algo de AMOR

Esta semana vamos a VER al OJO dentro de nosotras, que quiere que nos acerquemos a esa imagen que sería de agrado para los OTROS.

Sea quien sea ese «OTROS».

Ese demás puede ser en un momento dado mis hijos (he escuchado alguna vez lo de «ser la madre que nuestros hijos necesitan»), en otro momento dado mi madre, mi padre, el cartero, la panadera, la vecina o la otra madre del parque, o Etna, o una del grupo o de la asociación,…y no es nada más que el estrechamiento de la complejidad de nuestro ser y la situación vital que atravesamos en dar la imagen que ese ojo nos dice que sería la adecuada en ese momento.

Ese Ojo imperativo querría que el resultado, la imagen que estoy viendo de mí misma, se adecuara a la imagen que idealiza. LA que dicta que es la adecuada en ese momento.

El Ojo Complaciente es muy opresivo y estrechante, pues su sutileza lo hace casi imperceptible. Y es difícil escapar a su mandato, el cual nos pasa des-apercibido.

De repente, nos podemos ver inmersas en una estrechez vital sofocante porque lo que estamos siendo o está pasando en nuestra vida no se amolda a esa imagen que pensamos o creemos que los otros esperarían.

Es como una doble proyección que hace. Funciona a modo: creo que el otro espera de mí esto (es una creencia fantasma, pues no tiene, necesariamente, que ver con la verdad del otro) y por lo tanto proyecto aquello que debería hacer, pedir, decir, sentir, reaccionar como respuesta de la primera proyección.

Es decir, por un lado, proyectamos a modo de interpretación la necesidad o querer del otro y, por el otro, nos amoldamos a complacer esa imagen. Estrechando nuestra acción a esa necesidad totalmente generada por unos pensamientos que han interpretado que eso es así

EL PREMIO DEL RECONOCIMIENTO AJENO PARA SENTIRNOS AMADAS

versus RECONOCERSE COMO TAREA PRIMORDIAL DE AMOR IN-CONDICIONADO

LA COMPLACENCIA, el amoldarnos a la imagen que nos hacemos de lo que el otro espera de nosotros, nos engancha al reconocimiento.

Es decir, es como si, con ello obtuviéramos reconocimiento.

Hay una interpretación social general de que necesitamos reconocimiento. Esto actúa en nosotras como sucedáneo del amor, por un lado, y por otro, hace como si el reconocimiento fuera algo que nos dan los otros. Esto, convierte la experiencia vital en una carrera llena de condiciones. El amor, vestido de reconocimiento social, se torna una experiencia de una carrera sin fin para obtener algo que nunca llega. Pues para que te REconozcan tienes que cumplir infinitas condiciones.

Esto genera mucho sacrificio. Porque, sin darnos cuenta, estamos
amoldando lo que nos nace o cómo somos, a lo que creemos que tenemos mostrar de
nosotros frente al ojo ajeno.

Enn realidad hay ojo ajeno. No existe. 

Aquí no hay ojo ajeno. Hay sólo des-cubrimiento del ojo propio. HAy un montón de ojos propios.

Estos ojos propios están todos mirándose entre ellos buscando el reconocimiento del otro ojo, sin saber que se están mirando todo el rato a sí mismos pensando que miran al otro. Confundiéndose con el otro. Y sin reconocer la grandeza de la propia mirada.

Y no estoy diciendo que el otro Ojo no existe. Porque existen miles y millones de ojos. Ojos de cada ser que existe.

Digo que el reconocimiento es de cada ojo a sí mismo. Que lo único que existe en la existencia es la propia mirada. Un Universo lleno de miradas propias. Ojos que no saben de la importancia del reconocimiento de la propia mirada. Ojos que no saben que están mirando y se están mirando. Y que buscan el reconocimiento en ojos ajenos porque no saben que el único ojo del que parte el reconocimiento es del suyo proppio.

Otra vez no sé si me entenderéis una caca frita.

Buscamos reconocimiento del ojo ajeno, sin saber que estamos proyectando que ese ojo ajeno quiere algo concreto sobre nosotros. Mientras ese ojo ajeno hace lo mismo hacia otros ojos ajenos. Buscamos que el otro ojo nos reconozca. Ojo que a su vez busca al otro. Buscamos reconocimiento porque lo confundimos con el amor. Porque nos aporta lo que nosotros mismos no nos estamos dando. El reconocimiento ajeno es como una especie de enganche sucedáneo del Amor. El amor no es condicionado. El amor es algo in-condicionado. Es la experiencia del Ojo mismo.

Hay mucha palabrería sobre el amor incondicional y pensamos muchas cosas sobre ello. Pensamos que es querer a todos los demás y aceptarlo todo a costa hasta de nosotras mismas. HAblamos del amor incondicional sin saber nada de él. Y hablo de saber en tanto que saborear. Saber a través de los sentidos. Saber sobre el amor es amarse.

No podemos saber sobre el amor in-condicional si no nos hemos amado. Amarse es reconocerse enteramente.

Re-conocernos en toda nuestra belleza de ser.

Reconocerse es verse completamente así. Crudo y desnudo. Y eso conlleva también todo el condicionamiento y la programación.

Reconocerse es verse y no querer hacer nada diferente a lo que ves que estás siendo o haciendo. Ni si quiera si estás buscando reconocimiento ajeno.

Reconocerse es verse buscando sediento el reconocimiento ajeno y empezar a saborear esto mismo. Es como un amarnos in-condicionalmente viendo cómo nos amamos condicionadamente.

Amarse es reconocerse viendo todo lo que no nos gusta de nosotras mismas y ya no hacer nada más para que nos guste, ni les guste a otros. O incluso vernos intentando que nos amen, y amarnos así, en esa búsqueda en bucle de amor incondicional a través de poner la condición de que me amen primero.

Para reconocerse hace falta re-conocerse. Es decir, volver a conocerse. Y para volver a conocerse hay que verse tal cual. Con TODO lo que llevamos a cuestas. No sólo con lo que sería guay llevar.

VerAlOjoQueComplace

Vamos a Ver al Ojo que nos aprisiona en tantos momentos de nuestro día a día

ejercicio:

Estaremos al acecho de cuándo nos estamos aprisionando para cumplir la imagen que querríamos que otros tuvieran de nosotras.

Cuándo nos aprisionamos a «quedar bien» como madres. A que nuestros hijos hablen pausado ante nosequién.

A decir algo que estaba «fuera de lugar» en ese contexto y personas. O mis hijos están despeinados o sucios o descalzos y justo…

Cuando nos demos cuenta de que ese ojo nos está enviando una imagen con la que deberíamos «ser coherentes» y cómo esto nos desconecta de nuestra coherencia con el presente que es en nosotras y esto nos aprisiona.

Por supuesto que en el cuerpo vamos a sentir presión, o palo en culo, pero nuestra atención va arirse en dirección al dictado del ojo.

 

Podéis apuntar o grabar vuestros hallazgos en ese mismo momento o no.

Como ya sabéis, no es necesario ni requerido. Pero es muy interesante que, las veces que vemos algo incluso lo compartamos al momento o cuando podamos.

 

estaría guay que fuéramos compartiendo, CON PODCAST O BIBLIA EN VERSO, por el grupo los darnos cuenta y los hallazgos como vayamos «viendo».

 

 

 UN ABRAZO ENORMEEEEEE

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